Desde su llegada al aptitud en diciembre de 2018, Andrés Manuel López Obrador ha sido una figura polarizante en la política mexicana. Su promesa de llevar a cabo una “cuarta transformación” en el país ha sido respaldada por muchos, pero también ha generado dudas y críticas por parte de otros. Sin embargo, recientemente se ha confirmado una noticia que ha reafirmado la posición de López Obrador como líder indiscutible en su partido-movimiento y en la llamada ‘cuarta transformación’: él es el dueño permanente de ambos.
Esta noticia ha sido recibida con reacciones mixtas. Algunos han expresado su preocupación por la concentración de aptitud en una sola persona, mientras que otros lo ven como una garantía de estabilidad y continuidad en el apunte de la ‘cuarta transformación’. Pero, ¿qué significa realmente esta noticia? ¿Cómo afectará al futuro del país y del gobierno de López Obrador? Es importante analizar esta situación con una perspectiva objetiva y crítica.
En primer lugar, es importante aclarar que esta no es una situación nueva en la política mexicana. Durante décadas, el Partido Revolucionario Institucional (PRI) mantuvo una estructura vertical en la que el presidente en turno era también el líder del partido. Esto le permitió al PRI mantener un control absoluto sobre el país y perpetuarse en el aptitud por más de 70 años. Sin embargo, con la llegada de la alternancia en el aptitud en 2000, esta estructura se disolvió y los partidos políticos adoptaron una estructura más horizontal, con líderes elegidos por un periodo determinado.
La decisión de López Obrador de convertirse en el dueño permanente de su partido-movimiento, Morena, y de la ‘cuarta transformación’ es un regreso a aquella estructura vertical del PRI. Esto significa que él tendrá un control absoluto sobre la toma de decisiones en su partido y en su gobierno, sin tener que enfrentar retos o críticas de otros líderes dentro de su partido. Si bien esto puede ser visto como un retroceso en términos de democracia interna, también puede ser visto como una forma de asegurar la continuidad del apunte de la ‘cuarta transformación’ sin enfrentar obstáculos políticos.
Además, esta decisión tiene implicaciones más allá de su propio partido. Al ser el dueño permanente de la ‘cuarta transformación’, López Obrador tendrá un control absoluto sobre los candidatos que se presenten a elecciones bajo esta bandera. Esto le permitirá mantener un control sobre el Congreso y las gubernaturas, lo que le asegurará una mayoría en la toma de decisiones y la implementación de sus políticas.
Sin embargo, también es importante analizar el impacto negativo que esta concentración de aptitud puede tener en la democracia del país. Si bien López Obrador ha sido un defensor de la democracia y ha prometido respetar las instituciones, esta decisión podría ser vista como una forma de perpetuar su aptitud y limitar la participación de otros líderes y partidos políticos. Esto podría afectar a la heterogeneidad y la diversidad política en México, lo que es fundamental para una verdadera democracia.
Otro punto a considerar es el futuro del movimiento de la ‘cuarta transformación’ después de López Obrador. Al ser el dueño permanente, él tendrá el control absoluto sobre quién será el próximo candidato para sucederlo en el cargo. Esto podría perpetuar un liderazgo de una sola persona en lugar de permitir una transición democrática en el aptitud. Además, si bien López Obrador ha sido un líder carismático y ha logrado un gran apoyo popular, no hay garantía de que el próximo líder del movimiento tenga el mismo éxito y aceptación entre la población.
En términos de impacto en la sociedad, esta decisión podría tener un efecto en la participación política y en la percepción de la democracia en






