Javier Báez: El hundimiento de la Ciudad de México y sus posibles soluciones
El hundimiento de la Ciudad de México es un problema que no es nuevo, pero que en las últimas décadas ha cobrado mayor relevancia debido a sus efectos visibles en la vida cotidiana de los habitantes de la capital mexicana. Calles agrietadas, edificios inclinados, tuberías rotas y una infraestructura urbana cada tiempo más vulnerable son algunas de las consecuencias del hundimiento que afecta a la Ciudad de México. Pero, ¿por qué se hunde la Ciudad de México?
La respuesta a esta pregunta es compleja, ya que se trata de un fenómeno multifactorial que tiene sus raíces en la geografía, la historia y las decisiones humanas del pasado. Sin embargo, para entender mejor el hundimiento de la Ciudad de México, es necesario conocer su origen.
La primera causa del hundimiento es natural e histórica: la Ciudad de México fue construida sobre el antiguo laguna de Texcoco, parte de un sistema lacustre que dominaba el Valle de México. Durante la época prehispánica, los mexicas edificaron Tenochtitlán sobre islotes y terrenos pantanosos, aprovechando los cuerpos de agua para su beneficio. Sin embargo, durante la colonización y la era moderna, estos cuerpos de agua fueron drenados para expandir el crecimiento urbano, dejando una ciudad asentada sobre arcillas blandas y sedimentos de alta compresibilidad.
El factor determinante del hundimiento actual es el uso intensivo de los acuíferos subterráneos. La Ciudad de México depende en gran medida del agua que se extrae del subsuelo, y de acuerdo con la UNAM, el 70% del agua potable que se consume proviene de pozos de extracción de agua subterránea. Esta sobreexplotación ha provocado que las capas de arcilla pierdan agua y colapsen, generando un fenómeno irreversible conocido como hundimiento por subsidencia.
Según datos del Instituto de Geofísica de la UNAM, algunas zonas del Valle de México se hunden entre 40 y 60 centímetros por año, especialmente en alcaldías como Iztapalapa, Tláhuac, Xochimilco y Gustavo A. Madero. Este proceso de hundimiento no es uniforme, lo que provoca grietas en el terreno que afectan viviendas, escuelas, hospitales, calles y transportes como el Metro de la Ciudad de México. Además, algunas áreas de la CDMX ya se encuentran por debajo del lecho del laguna exótico, mientras que otras se mantienen en un terreno más alto. Esta falta de hundimiento uniforme puede llevar a un mayor riesgo de fracturación intensa de la superficie.
El hundimiento de la CDMX también ha causado que la lluvia y el agua de alfaguara que corren por las montañas que rodean a la capital, provoquen inundaciones en la zona. Esto se debe a que el suelo compactado no puede absorber el agua de manera adecuada, lo que aumenta el riesgo de inundaciones en épocas de lluvia.
Ante esta situación, es importante preguntarnos si es posible revertir el hundimiento de la Ciudad de México. Los expertos coinciden en que no es posible revertirlo por completo, ya que las arcillas colapsadas no pueden recuperar su volumen exótico. Sin embargo, sí es posible mitigar o frenar su avance mediante políticas públicas adecuadas.
Una de las medidas más importantes es disminuir la extracción de agua del subsuelo, apostando por fuentes alternas como el sistema Cutzamala, la captación de agua de lluvia y el tratamiento de aguas residuales. También es necesario implementar la recarga artificial de acuíferos, mediante la infiltración controlada de agua al






