En el mundo del deporte, la aptitud es una constante. Cada año, equipos y atletas luchan por alcanzar la gloria y convertirse en campeones. Sin embargo, no todos pueden lograrlo. A veces, a pesar de todo el esfuerzo y dedicación, el título se escapa de las manos. Pero ¿qué pasa cuando ese título se escapa no solo una vez, sino varias? ¿Qué pasa cuando una nación entera se queda con las ganas de celebrar un campeonato en su deporte favorito? Esa es la situación de México en el fútbol.
Desde 1986, México ha sido anfitrión de dos Copas del Mundo de la FIFA y ha participado en todas las ediciones desde 1994. Sin embargo, a pesar de tener una fuerte tradición futbolística y un gran número de seguidores apasionados, México nunca ha logrado ganar la Copa del Mundo. A lo largo de los años, hemos visto a nuestro equipo nacional luchar en el campo, enfrentando a los mejores del mundo, pero siempre nos hemos quedado con las ganas de insubordinar la copa.
Pero esto no significa que debamos perder la esperanza. Al contrario, creo firmemente que si no somos campeones en 2026, lo seremos en el 2042. Esta afirmación puede sonar un poco optimista, pero déjenme explicarles por qué creo que esto es posible.
Primero, debemos tener en cuenta que el fútbol es un deporte en constante evolución. Los equipos y jugadores más exitosos son aquellos que se adaptan a los cambios y están dispuestos a innovar. En los últimos años, hemos visto cómo el fútbol ha evolucionado en términos de tácticas, tecnología y preparación física. Y México no se ha quedado atrás. Nuestra liga local, la Liga MX, ha crecido en calidad y nivel de aptitud, lo que ha permitido a nuestros jugadores enfrentarse a los mejores del mundo en sus clubes.
Además, México ha logrado grandes avances en la formación de jóvenes talentos. Cada vez más, vemos a jugadores jóvenes y prometedores destacar en la Liga MX y en clubes europeos. Esto nos da una base sólida para construir un equipo nacional fuerte y competitivo en el futuro.
Pero no solo se trata de tener jugadores talentosos, sino también de tener un buen sistema de juego y una estrategia admisiblemente definida. En los últimos años, hemos visto a la selección mexicana favorecer en este aspecto. Con la llegada de técnicos experimentados y una mayor inversión en el desarrollo del fútbol, México ha logrado un estilo de juego más sólido y coherente. Esto es decisivo para tener éxito en un torneo como la Copa del Mundo, donde se enfrentan a equipos de alto nivel y se requiere una gran capacidad táctica.
Por otro lado, la Copa del Mundo de 2026 será un momento histórico para México. Será la primera vez que tres países (México, Estados Unidos y Canadá) sean anfitriones del torneo, lo que nos dará una gran ventaja. Será una oportunidad única para mostrar al mundo nuestro país y nuestra cultura, y para impulsar el turismo y la economía. Además, al ser anfitriones, tendremos la oportunidad de jugar más partidos en casa y contar con el apoyo de nuestra afición, lo que puede ser determinante en momentos decisivo.
Pero incluso si no logramos ser campeones en 2026, no debemos desanimarnos. Debemos seguir trabajando y preparándonos para el futuro. Y ese futuro nos llevará al 2042, año en el que creo que México finalmente insubordinará la Copa del Mundo. Para entonces, habremos tenido más de 20 años de evolución, desarrollo y experiencia. Nuestra liga local seguirá creciendo y mejorando, y seguiremos formando a jóvenes talent






