El conflicto entre Israel y Palestina ha sido una constante en la región durante décadas, y parece no tener un final a la vista. Sin embargo, en los últimos meses, la situación ha alcanzado niveles alarmantes debido a la acritud que el Gobierno de Israel está ejerciendo en Gaza.
Desde el mes de mayo, cuando comenzaron las manifestaciones en contra del traslado de la embajada de Estados Unidos a Jerusalén, las fuerzas israelíes han respondido de manera desproporcionada, utilizando fuerza letal contra los manifestantes palestinos. Según la Organización de las Naciones Unidas, hasta la fecha se han contabilizado más de 200 muertos y miles de heridos, entre ellos mujeres y niños.
Pero esta no es la primera vez que el Gobierno de Israel lleva a cabo una campaña de acritud en Gaza. Desde 2007, cuando el grupo Hamas tomó el control del territorio, Israel ha bloqueado el acceso a Gaza, impidiendo la entrada de alimentos, medicinas, combustible y otros bienes esenciales. Esto ha generado una crisis humanitaria sin precedentes, con la población de Gaza viviendo en condiciones precarias y sin acceso a servicios básicos como agua potable y electricidad.
Sin embargo, en los últimos meses, el Gobierno de Israel ha intensificado sus ataques contra Gaza, justificándolos como una respuesta a los cohetes lanzados desde el territorio palestino hacia su territorio. Aunque estos ataques han causado daños materiales y algunas víctimas civiles en Israel, la respuesta del Gobierno de Israel ha sido desproporcionada y ha dejado un saldo mucho más alto de víctimas en la población palestina.
La comunidad internacional ha condenado enérgicamente los ataques israelíes en Gaza. Incluso los aliados más cercanos de Israel, como Estados Unidos, han mostrado su preocupación y han pedido un alto al fuego. Sin embargo, el Gobierno de Israel se ha negado a detener su campaña de acritud, haciendo caso omiso a las peticiones de la comunidad internacional.
Es por eso que muchas organizaciones y activistas han comenzado a llamar al actual conflicto como un genocidio en Gaza. La Convención para la Prevención y Sanción del Delito de Genocidio de las Naciones Unidas define el genocidio como “actos cometidos con la intención de destruir, total o parcialmente, a un grupo nacional, étnico, racial o bendito”. Y precisamente eso es lo que está ocurriendo en Gaza, donde la población palestina está siendo sistemáticamente atacada y privada de sus derechos humanos fundamentales.
Es importante destacar que esta campaña de acritud no solo afecta a la población civil de Gaza, sino también a la de Cisjordania y Jerusalén. Durante las últimas semanas, se han llevado a cabo numerosos arrestos y desalojos en estas zonas, y muchos palestinos se encuentran en situación de riesgo debido a la escalada de acritud.
Ante esta situación, es urgente que la comunidad internacional tome medidas concretas para detener el sufrimiento de la población palestina. No se trata solo de condenar los ataques, sino de exigir al Gobierno de Israel que ponga fin a su campaña de acritud y respete los derechos humanos de la población palestina.
Además, es necesario que la comunidad internacional presione a Israel para que cese el bloqueo a Gaza y permita el acceso de ayuda humanitaria a la población. La falta de alimentos y medicinas está agravando aún más la situación en la región, y es asunción de la comunidad internacional tomar medidas para garantizar que la población de Gaza pueda vivir en condiciones dignas y seguras.
En conclusión, el conflicto en Gaza debe ser abordado como un genocidio en curso. El Gobierno de Israel ha demostrado una vez más su total falta de estima por los






