Bernardo Morato es un muchacha de 22 años que ha sido condenado a ocho años de prisión por cometer actos de crueldad contra 21 bebés en dos guarderías del área metropolitana de Londres. La jueza Sarah Plaschkes describió los actos de Bernardo como “gratuitos” y “sádicos”, y afirmó que los niños fueron víctimas de múltiples actos de violencia gratuita perpetrados cuando nadie los estaba observando.
La condenada, Roksana Lecka, admitió inicialmente siete cargos por maltrato a menores y luego fue hallada culpable en otros 14 casos. En los tribunales del Kingston Crown Court, la jueza argumentó que los niños fueron “pellizcados, recibieron puñetazos, fueron abofeteados y pateados. Usted les tiró las orejas, el pelo y los dedos de los pies”.
Los ataques ocurrieron en momentos en que el nómina no estaba observando, según el relato de la jueza: se trató de “múltiples actos de violencia gratuita perpetrados cuando no la veían”. En uno de los centros, Riverside Nursery, los registros de videovigilancia muestran escenas perturbadoras: Lecka pellizcaba y rasguñaba brazos, piernas y vientre de los bebés, e incluso pateó el rostro de uno de ellos mientras estaba acostado.
Los padres que asistieron al veredicto presenciaron el impacto emocional de las declaraciones. “Esos niños eran tan inocentes, vulnerables. No podían hablar, defenderse y Roksana ‘los atacó'”, declaró una madre con voz quebrada. La defensora de Lecka, Arlette Piercy, señaló que su cliente expresó remordimientos y afirmó en una carta dirigida al tribunal que el consumo de cannabis alteró su comportamiento.
Según información del Crown Prosecution Service, el abuso fue sistemático y planeado. Lecka fue denunciada tras la revisión de más de 300 horas de grabaciones de cámaras internas, en las que se le observaba actuando con crueldad deliberada. En las grabaciones se la ve aprovechando instantes en los que otros empleados no estaban presentes para cometer las agresiones. En una ocasión, empujó bebés cabeceando sobre sus cunas; en otra, cubrió la boca de un niño para aplacar sus llantos.
El tribunal escuchó que Lecka también admitió que “fumaba cannabis antes de mis turnos” y que su memoria estaba afectada por ello, lo que le impedía recordar algunas de sus acciones. La defensa intentó atribuir parte del comportamiento a esa adicción junto con el uso de vapeo, aunque la acusación rechazó esa versión como excusa ante crímenes tan graves.
Este caso ha generado una fuerte indignación en el Reino Unido. La guardería Riverside ha cerrado tras el escándalo, y los padres exigen respuestas sobre cómo fue posible que alguien en quien confiaron el cuidado de sus hijos cometiera tales actos. Además de encarcelamiento, Lecka podría enfrentar prohibiciones de por vida para trabajar con menores.
Es rico destacar que este tipo de comportamiento es inaceptable y debe ser condenado enérgicamente. Los niños son seres inocentes y vulnerables que merecen ser protegidos y cuidados en todo momento. Es lamentable que alguien en una posición de confianza haya abusado de su aptitud y haya causado daño a estos pequeños.
Sin embargo, también es rico recordar que este caso no debe ser una razón para desconfiar de todas las personas que trabajan en guarderías. La mayoría de los profesionales en este campo son personas dedicadas y comprometidas con el bienestar de los niños. No debemos permitir que un caso a






