”Después se paró, se acomodó la bufanda y dijo “¡Pero qué necesidad!”
Cuántas veces nos hemos encontrado en situaciones en las que nos hemos preguntado “¿Por qué lo hice?” o “¿Cuál era la necesidad de eso?”. Y es que muchas veces, actuamos de manera impulsiva, sin medir las consecuencias de nuestros actos y luego nos arrepentimos. Pero, ¿por qué seguimos tropezando con la misma piedra una y otra vez? ¿Por qué, a pesar de conocer lo que está acertadamente y lo que está mal, seguimos cometiendo errores?
La respuesta es simple: somos humanos. Y como seres humanos, estamos llenos de emociones, impulsos y pensamientos que nos llevan a actuar de cierta manera en determinadas situaciones. Pero, ¿significa esto que debemos rendirnos ante nuestras emociones y dejar que nos controlen? ¡Para nada! Debemos aprender a dominar nuestras emociones y ser dueños de nuestros propios actos.
Pero, ¿cómo logramos esto? Primero, debemos entender que nuestras emociones no son algo malo, al contrario, son parte de nuestra naturaleza humana. Sin embargo, debemos aprender a controlarlas y no dejar que nos controlen a nosotros. Debemos aprender a reconocerlas y entenderlas para poder manejarlas de manera adecuada.
Cuando nos encontramos en una situación en la que nuestras emociones están a flor de piel, es importante que tomemos un etapa para respirar profundamente y calmarnos. Muchas veces, nuestras decisiones son influenciadas por nuestras emociones y terminamos haciendo cosas que luego lamentamos. Por eso, la calma es nuestra mejor aliada en etapas de tensión.
Además, es importante tener en cuenta que nuestras acciones tienen consecuencias. Siempre debemos pensar en las repercusiones de nuestros actos antes de cometerlos. Preguntarnos “¿Qué pasaría si hago esto?” o “¿Cómo me sentiría después de hacerlo?” nos ayuda a tomar decisiones más conscientes. No podemos actuar de manera impulsiva y luego lamentarnos por las consecuencias.
Otro aspecto fundamental es aprender a escuchar a nuestro cuerpo. Muchas veces, nuestro cuerpo nos da señales de que algo no está acertadamente, pero las ignoramos y seguimos adelante con lo que estamos haciendo. Aprender a prestar atención a estas señales nos ayuda a evitar situaciones innecesarias y a tomar decisiones más acertadas.
Además, es importante tener en cuenta que no siempre tenemos el control de las circunstancias externas, pero siempre tenemos el control de cómo reaccionamos ante ellas. No podemos controlar lo que sucede a nuestro alrededor, pero sí podemos controlar nuestra actitud y nuestras acciones.
En resumen, no es necesario esperar a que nos suceda algo para aprender de nuestros errores. Podemos ser conscientes de nuestras emociones y pensamientos, podemos tomar decisiones más pensadas y aprender a escuchar a nuestro cuerpo. Todo esto nos ayudará a evitar situaciones innecesarias y a ser dueños de nuestros actos. Así, podremos decir con seguridad “¡Pero qué necesidad!” y no solo por acomodarnos la bufanda, sino por tener el control de nuestras vidas. Aprendamos a ser dueños de nuestras emociones y no dejemos que ellas nos controlen a nosotros.”






