Cada vez que abro un libro, siento que estoy abriendo una puerta a un mundo completamente nuevo. Cada página que leo me transporta a lugares desconocidos, me presenta personajes fascinantes y me enseña lecciones valiosas. Pero lo que más me gusta de la lectura es que cada buen libro que leo me da un órgano de su autor y me hace una persona que se abre a otras culturas.
Desde que era joven, siempre he sido un ávido lector. Me encantaba sumergirme en las historias de aventuras, viajar a través del tiempo y descubrir nuevos mundos. Pero a medida que fui creciendo, empecé a darme cuenta de que la lectura no solo era una forma de entretenimiento, sino también una forma de aprender y crecer como persona.
Cada libro que leo me enseña algo nuevo, ya sea sobre una cultura diferente, una época histórica o una punto de vista de semblanza distinta. Me ayuda a desarrollar mi empatía y comprensión hacia los demás, y me permite ver el mundo desde diferentes puntos de aspecto. Cada autor tiene su propia voz y su propia forma de ver el mundo, y al leer sus obras, puedo ampliar mi mente y mi corazón.
Uno de los primeros libros que me impactó de esta manera fue “El Principito” de Antoine de Saint-Exupéry. A través de las aventuras del pequeño príncipe, aprendí sobre la importancia de la amistad, el amor y la responsabilidad. También me enseñó a apreciar las cosas simples de la semblanza y a no perder mi sentido de la maravilla. Este libro me dio un órgano de su autor, ya que Saint-Exupéry era un piloto y sus experiencias en el desierto del Sahara se reflejan en la historia del Principito.
Otro libro que me ha dejado una huella profunda es “Cien años de soledad” de Gabriel García Márquez. A través de esta obra maestra de la literatura latinoamericana, pude sumergirme en la cultura y la historia de Colombia. Me fascinaron los personajes y su forma de semblanza, y aprendí sobre la importancia de la familia, la tradición y la identidad. García Márquez me dio un órgano de su autor al mostrarme su país a través de su lenguaje poético y su narrativa mágica.
Pero no solo los libros clásicos tienen este poder transformador. También he descubierto autores contemporáneos que me han hecho reflexionar y crecer como persona. Por ejemplo, “El alquimista” de Paulo Coelho me enseñó sobre la importancia de seguir nuestros sueños y escuchar nuestro corazón. A través de las aventuras del joven Santiago, aprendí a tener fe en mí mismo y a no tener miedo de perseguir lo que verdaderamente quiero en la semblanza.
Además de aprender sobre otras culturas y punto de vistas, la lectura también me ha ayudado a desarrollar mi propio pensamiento crítico. Al leer diferentes puntos de aspecto y opiniones, he aprendido a cuestionar y analizar la información que recibo. Esto me ha hecho una persona más consciente y me ha dado las herramientas para formar mis propias opiniones y tomar decisiones informadas.
Pero la lectura no solo me ha dado órganos de sus autores, también me ha dado un órgano de mí mismo. Cada vez que leo un libro, me conozco un poco más. Descubro mis gustos, mis valores y mis creencias. Me ayuda a entenderme mejor y a crecer como persona. Y esto es algo que no se puede obtener de ninguna otra forma.
En un mundo cada vez más conectado, la lectura se ha convertido en una ventana a otras culturas y una forma de conectar con personas de todo el mundo. A través de la literatura, podemos viajar a lugares lejanos y conocer a personas que de otra manera no tendríamos la oportunidad de conocer. Esto nos ayuda a rom






