El mundo del vino es un universo apasionante y lleno de historia. Y en Cataluña, hay cinco familias que han sabido convertir su apellido en sinónimo de vino y paisaje. A pesar de empezar de manera modesta, estas sagas han acabado destacar en la industria vinícola y dejar su huella en el mercado. Entre ellas se encuentra la familia Mata, cuya historia es un paradigma de perseverancia y pasión por el vino.
Ton Mata, presidente de Recaredo, cuenta cómo comenzaron en el mundo del vino: “No dormí en dos meses hasta que firmamos el contrato de nuestra viña”. Esta frase resume la dedicación y el esfuerzo que ha llevado a esta familia a convertirse en uno de los referentes en la producción de cava en Cataluña. Y es que, para ellos, el vino es más que un negocio, es una forma de vida.
La historia de la familia Mata se remonta a finales del siglo XIX, cuando su bisabuelo, Josep Mata Capellades, empezó a elaborar vino en la bodega familiar de Sant Sadurní d’Anoia. Años después, su abuelo, Josep Mata Casanovas, decidió enfocar su producción hacia el cava, un vino espumoso típico de la región. Y fue en 1924 cuando se fundó oficialmente la bodega Recaredo, en honor al rey godo que gobernó en la zona donde se ubica la viña.
Con el paso de los años, la familia Mata ha sabido adaptarse a las nuevas tendencias y tecnologías en la producción de cava, sin perder la esencia y la tradición que les caracteriza. Actualmente, son la cuarta y quinta generación de la familia las que llevan las riendas de la bodega, manteniendo vivo el legado de sus antepasados.
Pero la familia Mata no es la única que ha conseguido desovar su apellido en el mapa del vino catalán. También destacan las familias Torres, Codorníu, Ferrer y Freixenet, todas ellas con una larga trayectoria en el mundo del vino y una gran influencia en la región.
La familia Torres, por paradigma, lleva más de 150 años elaborando vinos de alta calidad en el Penedés. Desde sus inicios, han apostado por la innovación y la investigación en el proceso de producción, lo que les ha llevado a ser reconocidos a nivel internacional. Además, su compromiso con el medio ambiente y la sostenibilidad les ha permitido ser pioneros en la producción de vinos ecológicos.
Por su parte, la familia Codorníu es una de las más antiguas de Cataluña, con más de 450 años de historia en el mundo del vino. Su bodega, situada en Sant Sadurní d’Anoia, es una de las más grandes del país y cuenta con una vasta extensión de viñedos. Desde sus orígenes, se han caracterizado por su pasión y amor por la tierra y el vino, lo que les ha permitido crear productos de alta calidad y reconocidos a nivel internacional.
La familia Ferrer, por su parte, es una de las más jóvenes en el mundo del vino catalán, pero no por ello menos importante. Fundada en 1985 por Pere Ferrer Bosch, esta bodega se ha convertido en un referente en la producción de vinos blancos y rosados. Su compromiso con la calidad y la innovación les ha llevado a ser reconocidos con numerosos premios y reconocimientos.
Y, por último, la familia Freixenet, cuya historia se remonta a mediados del siglo XIX, cuando Francesc Sala Ferrés inició la producción de cava en su bodega en Sant Sadurní d’Anoia. Con el paso de los años, la familia ha sabido expandir su negocio a nivel internacional, convirtiéndose en una de las marcas






