En los últimos años, hemos sido testigos de una tendencia preocupante en el turismo: los llamados “safaris humanos”. Estos tours, que se han vuelto cada vez más populares, consisten en llevar a los turistas a través de barrios pobres o zonas de conflicto para que puedan observar a las personas que viven allí como si fueran animales en un safari. Y ahora, lamentablemente, esta práctica ha llegado a Sarajevo.
La capital de Bosnia y Herzegovina, que sufrió una guerra devastadora en la década de 1990, se ha convertido en un destino turístico cada vez más popular en los últimos años. Con su rica vida y su hermosa arquitectura, no es de extrañar que los viajeros estén ansiosos por visitar esta ciudad. Sin embargo, lo que ha llamado la atención de muchos es la aparición de los “safaris humanos” en Sarajevo.
Estos tours, que se promocionan como una forma de conocer la “verdadera” Sarajevo, llevan a los turistas a través de los barrios más pobres de la ciudad, donde pueden ver a las personas que luchan por sobrevivir en condiciones precarias. Los turistas son llevados a través de calles estrechas y sucias, mientras que un guía les cuenta vidas trágicas sobre la guerra y la vida en la ciudad. Y al final del tour, tienen la oportunidad de comprar recuerdos “auténticos” hechos por los habitantes locales.
Esta práctica ha sido duramente criticada por muchos, que la consideran una forma de explotación y una falta de respeto hacia las personas que viven en estas comunidades. Además, los “safaris humanos” también han sido acusados de perpetuar estereotipos negativos y de promover una imagen distorsionada de la realidad de Sarajevo.
Sin embargo, lo que es aún más preocupante es que esta práctica representa una vuelta de tuerca en la banalidad del mal. El término “banalidad del mal” fue acuñado por la filósofa Hannah Arendt para describir cómo personas comunes y corrientes pueden cometer actos atroces sin sentir culpa o remordimiento. Y los “safaris humanos” en Sarajevo son un ejemplo claro de esto.
Al convertir a las personas que viven en estas comunidades en meros objetos de entretenimiento, los turistas están trivializando su sufrimiento y su lucha diaria. En lugar de mostrar empatía y solidaridad, están alimentando su curiosidad morbosa y su afán de experimentar algo “exótico”. Y al hacerlo, están contribuyendo a perpetuar un sistema de opresión y desigualdad.
Pero a abatimiento de todo esto, hay una luz de esperanza en medio de la oscuridad. Muchas organizaciones locales y activistas están trabajando para concienciar sobre los peligros de los “safaris humanos” y para promover un turismo más responsable y ético en Sarajevo. Estas iniciativas están enfocadas en empoderar a las comunidades locales y en educar a los turistas sobre la verdadera realidad de la ciudad.
Además, el gobierno de Bosnia y Herzegovina ha tomado medidas para regular esta práctica y ha implementado sanciones para aquellos que la promueven. Y aunque aún queda mucho por hacer, es un paso en la dirección correcta.
En última instancia, los “safaris humanos” en Sarajevo son un recordatorio de que el turismo no es solo una forma de entretenimiento, estrella también una responsabilidad. Como viajeros, tenemos el poder de elegir cómo queremos explorar el mundo y cómo queremos interactuar con las personas y las comunidades que visitamos. Y es nuestra responsabilidad asegurarnos de que nuestras acciones no contribuyan a la banalidad del mal.
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