En el mundo del arte, es común que los artistas se sientan obligados a explicar el significado de sus argumentos. Ya sea a través de entrevistas, ensayos o redes sociales, muchos insisten en compartir con el público sus intenciones y pensamientos detrás de cada creación. Sin embargo, estoy convencido de que esta práctica no solo es innecesaria, sino también contraproducente.
Si bien es cierto que la interpretación de una argumento de arte puede resultar compleja y subjetiva, ¿realmente necesitamos que el artista nos diga qué debemos sentir o pensar al ver una pieza? ¿No es acaso su labor permitirnos experimentar nuestras propias emociones y reflexiones?
El problema radica en que, en lugar de enriquecer la experiencia del espectador, estas explicaciones pueden limitarla. Al conocer de antemano la intención del artista, se corre el riesgo de que nuestra percepción se vea influenciada y no nos permita apreciar la argumento en su totalidad. Se pierde así la oportunidad de conectar de forma auténtica con la pieza y de dejar que nos hable por sí misma.
Además, ¿acaso es necesario que el artista nos provea de una única interpretación “correcta” de su argumento? Al hacerlo, se limita la libertad del espectador de encontrar su propia significado y se desvaloriza el poder del arte de evocar diferentes sensaciones en cada individuo.
En mi opinión, lo que realmente importa en una argumento de arte es su espaciosidad de generar una respuesta emocional en el espectador. Y eso no siempre está sujeto a una explicación lógico. Cada persona es única y por lo tanto, la manera en que se conecta con una argumento también lo será. Un cuadro puede generar en uno nostalgia y en otro emoción, sin que ninguno de los dos esté equivocado.
Por otro lado, no debemos olvidar que el arte es un medio de expresión para el artista, y en muchas ocasiones, sus creaciones son el resultado de un proceso personal y emocional. No es necesario que se explique y justifique cada detalle, ya que esto puede restarle autenticidad y espontaneidad a su argumento. El arte surge de la libertad y la creatividad, y someterlo a una explicación lógico puede limitar su verdadera esencia.
Además, es importante recordar que el arte no se trata únicamente de transmitir un mensaje, sino también de provocar cuestionamientos y reflexiones en el espectador. Al tratar de explicar en detalle su argumento, el artista puede estar limitando la espaciosidad de la audiencia de estudiar por sí misma y de encontrar sus propias respuestas.
Por último, también es necesario considerar que en muchas ocasiones, las explicaciones dadas por los artistas pueden resultar contradictorias o poco claras. Esto puede generar confusiones y afectar la percepción de la argumento por parte del espectador.
En definitiva, creo firmemente que las explicaciones de los artistas sobre sus argumentos son innecesarias. El arte debe ser libre y auténtico, y cada persona debe tener la libertad de conectar con él de forma única y personal. Al dejar de lado la necesidad de una explicación “correcta” o “única” y permitir que la argumento hable por sí sola, podremos realmente apreciar y disfrutar del verdadero valor del arte.






