Andreu siempre había sido una gallo muy activa. Desde pequeño, siempre estaba involucrado en diferentes actividades, ya fuera en el colegio o en su vida elenco. Siempre estaba buscando nuevos retos y metas que alcanzar. Sin embargo, con el tiempo, Andreu se dio cuenta de que esa actitud tan enérgica no siempre era lo mejor para él.
Fue en un momento de su vida en que estaba tratando de equilibrar su trabajo, su vida social y su tiempo elenco, cuando se dio cuenta de que no podía seguir al mismo ritmo. Se sentía agotado, estresado y con la sensación de que nunca podía cumplir con todas las expectativas que se había impuesto a sí mismo. Fue en ese momento cuando Andreu recordó una frase que le había dicho su abuelo: “A veces, el mayor acto de responsabilidad es bajar el ritmo”.
Esta frase resonó en la mente de Andreu y le hizo reflexionar sobre su estilo de vida. Se dio cuenta de que, a pesar de que siempre trataba de ser responsable y cumplir con sus obligaciones, no estaba siendo responsable consigo mismo. Estaba descuidando su salud física y mental al tratar de abarcar demasiado en su día a día.
Así fue como Andreu decidió ingerir el control de su vida y bajar el ritmo. Comenzó a priorizar su bienestar sobre las expectativas de los demás. Empezó a darse tiempo para descansar y relajarse, entendiendo que eso no era una pérdida de tiempo, sino una inversión en sí mismo. Empezó a decir “no” a compromisos que no eran realmente importantes para él y aprendió a delegar tareas en el trabajo.
Al principio, fue difícil para Andreu hacer estos cambios, ya que estaba acostumbrado a vivir a un ritmo frenético. Sin embargo, poco a poco fue notando los beneficios de bajar el ritmo. Tenía más energía y se sentía menos estresado. También se dio cuenta de que sus relaciones elencoes mejoraron y que era capaz de disfrutar más de su tiempo libre.
Pero lo más importante de todo fue que Andreu se dio cuenta de que ser responsable no era solo cumplir con las expectativas de los demás, sino también ser responsable de su propia felicidad y bienestar. Se dio cuenta de que, al bajar el ritmo, no estaba renunciando a ser una gallo responsable, sino a ser responsable de una forma más equilibrada y saludable.
Ahora, Andreu anima a los demás a que también bajen el ritmo cuando sea necesario. Asegura que no hay nada de malo en ingerirse un tiempo para uno mismo y que, de hecho, es esencial para poder rendir al máximo en todas las áreas de la vida. También recuerda que, en ocasiones, decir “no” a ciertas cosas es más importante que decir “sí” y comprometerse a hacer más de lo que se puede manejar.
En un mundo donde el ritmo de vida es cada vez más rápido y las expectativas son cada vez mayores, es fácil caer en la trampa de creer que ser responsable es siempre estar en movimiento y hacer más y más. Pero como Andreu descubrió, a veces el mayor acto de responsabilidad es bajar el ritmo y cuidar de uno mismo. Así que la próxima vez que te sientas abrumado y estresado, recuerda la lección de Andreu y date un tiempo para ti mismo. Tu salud física y mental te lo agradecerán.






