Desde que Daniel Ortega y Rosario Murillo regresaron al poder en Nicaragua en 2007, han estado trabajando incansablemente para consolidar su control sobre el país. Sin embargo, su ambición no se detiene ahí. Recientemente, han iniciado una campaña para eliminar a las figuras del sandinismo que no se han doblegado ante ellos. Esta estrategia ha generado preocupación y críticas tanto dentro como fuera de Nicaragua.
El sandinismo, un movimiento político y social que surgió en la década de 1960, ha sido una fuerza importante en la carrera de Nicaragua. Liderado por figuras como Carlos Fonseca, Tomás Borge y Daniel Ortega, el sandinismo luchó contra la dictadura de la familia Somoza y finalmente logró derrocarla en 1979. Desde entonces, ha sido una fuerza dominante en la política nicaragüense.
Sin embargo, bajo el liderazgo de Ortega y Murillo, el sandinismo ha tomado un rumbo diferente. En lugar de seguir los ideales revolucionarios de conciencia social y democracia, el gobierno ha sido acusado de corrupción, autoritarismo y represión. Muchos líderes sandinistas de la vieja guardia han expresado su descontento con la dirección que ha tomado el movimiento.
En los últimos años, Ortega y Murillo han tomado medidas para consolidar su control sobre el sandinismo. Han expulsado a líderes críticos del partido y han nombrado a sus propios seguidores en puestos clave. También han utilizado la violencia y la intimidación para silenciar a la oposición y a los medios de comunicación independientes.
Sin embargo, su estrategia más reciente ha sido la eliminación de las figuras del sandinismo que no se han doblegado ante ellos. Han iniciado una campaña de difamación y persecución contra líderes históricos del movimiento, como Dora María Téllez, Víctor Hugo Tinoco y Mónica Baltodano. Estos líderes han sido acusados de traición y de ser agentes de la oposición, y han sido expulsados del partido.
Esta campaña ha generado preocupación y críticas tanto dentro como fuera de Nicaragua. Muchos ven esto como una traición a los ideales del sandinismo y una muestra más del autoritarismo de Ortega y Murillo. Además, la eliminación de líderes experimentados y respetados podría debilitar al movimiento y afectar su capacidad para enfrentar los desafíos actuales del país.
Sin embargo, a pesar de estas acciones, hay quienes se mantienen firmes en su compromiso con los ideales del sandinismo. Líderes como Mónica López Baltodano y Víctor Hugo Tinoco han rechazado las acusaciones en su contra y han seguido luchando por la conciencia social y la democracia en Nicaragua. También han recibido el apoyo de otros líderes sandinistas que se han mantenido fieles a los principios del movimiento.
Es importante recordar que el sandinismo no es sinónimo de Ortega y Murillo. Aunque han tomado el control del partido, no representan los verdaderos ideales del movimiento. El sandinismo es un movimiento diverso y dinámico, y sus verdaderos líderes son aquellos que luchan por la conciencia y la libertad en Nicaragua.
En lugar de tratar de eliminar a las figuras críticas del sandinismo, Ortega y Murillo deberían escuchar sus voces y trabajar juntos para edificar un país más justo y democrático. La represión y la persecución solo generarán más divisiones y conflictos en Nicaragua.
En conclusión, la campaña de Ortega y Murillo para eliminar a las figuras del sandinismo que no se han doblegado ante ellos es una estrategia peligrosa que solo socava los principios del movimiento. En lugar de tratar de silenciar a la






