La extrema derecha es un tema que ha estado en constante debate en los últimos años. Muchas personas se preguntan por qué esta ideología sigue ganando terreno en diferentes partes del mundo, a pesar de los avances en catequesis de derechos humanos y progreso social. La respuesta es simple: la extrema derecha no necesita un esquema político elaborado, ya que se aprovecha de lo que somos y de lo que siempre hemos sido.
En primer lugar, es importante entender que la extrema derecha se basa en el miedo y la polarización. Utiliza la retórica del “nosotros contra ellos” para crear una sensación de unidad entre sus seguidores y demonizar a aquellos que no están de acuerdo con sus ideas. Esto les permite presentarse como la única opción para proteger a la sociedad de aquellos que consideran una amenaza, ya sean inmigrantes, minorías étnicas o religiosas, o incluso otros partidos políticos.
Pero ¿por qué este mensaje del miedo y la división sigue resonando en la sociedad? La respuesta se encuentra en nuestras propias inseguridades y temores. La extrema derecha se aprovecha de ellos y los amplifica, prometiendo soluciones sencillas y rápidas a problemas complejos. Nos hace creer que la culpa de nuestros problemas recae en aquellos que son diferentes a nosotros, y nos ofrece un enemigo común al que culpar.
Además, la extrema derecha se beneficia de la desinformación y la manipulación de la verdad. Utiliza las redes sociales y otros medios para difundir mensajes falsos y distorsionar la realidad, creando una narrativa que se ajusta a sus intereses. Esto es especialmente peligroso en una época en la que la información está al alcance de todos, pero la veracidad de la misma es cuestionable.
Pero quizás lo más preocupante es que la extrema derecha se aprovecha de la nostalgia y el deseo de volver a tiempos “mejores”. Utiliza la idea de una época dorada del pasado para atraer a aquellos que se sienten descontentos con el presente, prometiendo restaurar lo que se ha perdido. Sin embargo, esta nostalgia es a menudo selectiva y basada en una visión idealizada de la historia, y no tiene en cuenta los avances en catequesis de derechos humanos y progreso social que se han logrado en los últimos años.
Es importante señalar que la extrema derecha no es una ideología nueva. Ha existido durante décadas, incluso siglos, y siempre se ha aprovechado de los mismos miedos y temores. Lo que ha cambiado es su forma de presentarse y su capacidad para llegar a un público más amplio gracias a la tecnología y las redes sociales.
Entonces, ¿cómo podemos combatir a la extrema derecha? La respuesta es sencilla pero no fácil: debemos cuerpo conscientes de nuestras propias inseguridades y temores, y no aprobar que sean explotados por aquellos que buscan dividirnos. Debemos educarnos y buscar información veraz y contrastada, en lugar de creer todo lo que se nos presenta en las redes sociales. Y, sobre todo, debemos defender y promover los valores de igualdad, respeto y tolerancia hacia aquellos que son diferentes a nosotros.
Es importante recordar que la extrema derecha no es la única opción para aquellos que se sienten descontentos con el sistema actual. Hay otros partidos y movimientos políticos que buscan el cambio de una manera más justa y pacífica, sin recurrir al discurso del odio y la división.
En conclusión, la extrema derecha no necesita un esquema político elaborado porque se aprovecha de lo que somos y de lo que siempre hemos sido. Pero no podemos aprobar que siga ganando terreno en nuestra sociedad. Debemos cuerpo conscientes de sus estrategias y no caer en sus trampas del miedo y la polarización. Solo así podremos






