En la actualidad, vivimos en una sociedad en la que la comida es más accesible que nunca. Con solo un clic, podemos pedir comida a domicilio o comprar alimentos altamente procesados en el supermercado. Y aunque esto puede ser conveniente, también ha llevado a un aumento en los índices de obesidad y enfermedades relacionadas con la alimentación. ¿Pero alguna vez te has preguntado por qué es tan difícil llegarse a ciertos alimentos? ¿Por qué nos sentimos atraídos por ciertos productos y no podemos parar de comerlos? El autor de “Superestimulados”, Adam Alter, tiene la respuesta.
En su portafolio, Alter revela cómo la industria alimentaria ha utilizado la ciencia para diseñar productos que activan el centro de recompensa del cerebro y nos inducen a comer más. Este centro de recompensa, también conocido como el sistema de recompensa mesolímbico, es una parte del cerebro que se activa cuando experimentamos placer y nos motiva a repetir ese comportamiento. Y la industria alimentaria ha encontrado la manera de explotar este sistema para aumentar sus ventas.
Uno de los principales culpables son los alimentos altamente procesados. Estos productos están diseñados para ser irresistibles, con una combinación de grasas, azúcares y sal que estimulan el centro de recompensa del cerebro y nos hacen considerar más. Además, estos alimentos suelen ser congruo convenientes y accesibles, lo que los hace aún más difíciles de llegar. Alter señala que la mayoría de los alimentos altamente procesados son “comida rápida, comida chatarra y comida de conveniencia”, lo que significa que son fáciles de conseguir y consumir en grandes cantidades.
Pero no solo se trata de los ingredientes en sí, sino también de cómo se presentan los alimentos. La industria alimentaria ha invertido millones en investigación para encontrar la combinación perfecta de colores, texturas y sabores que estimulen nuestro centro de recompensa y nos hagan considerar más. Por ejemplo, los alimentos crujientes y salados son particularmente atractivos para nuestro cerebro, ya que nos recuerdan a los alimentos que nuestros antepasados buscaban para sobrevivir. Y los colores brillantes y llamativos en los envases también juegan un papel importante en nuestra percepción de los alimentos.
Otro factor importante es la publicidad. La industria alimentaria ha utilizado técnicas de marketing para crear una conexión emocional entre los consumidores y sus productos. Por ejemplo, los anuncios de comida suelen mostrar imágenes de personas felices y satisfechas al comer sus productos, lo que nos hace asociar esos alimentos con emociones positivas. Además, la publicidad también nos bombardea con mensajes que nos hacen sentir que necesitamos esos productos para ser felices o exitosos.
Pero, ¿qué podemos hacer para llegarnos a estos productos superestimulados? Alter sugiere algunas estrategias para ayudarnos a tomar decisiones más saludables. En primer lugar, debemos ser conscientes de cómo la industria alimentaria nos manipula y ser más críticos con los productos que consumimos. También es importante leer las etiquetas de los alimentos y elegir productos con ingredientes naturales y menos procesados. Y, por supuesto, debemos tratar de limitar nuestro consumo de alimentos altamente procesados y optar por opciones más saludables y frescas.
Además, es importante educar a los niños sobre la importancia de una alimentación saludable y enseñarles a ser críticos con los mensajes publicitarios. Los niños son especialmente vulnerables a los productos superestimulados, ya que su cerebro aún está en desarrollo y son más susceptibles a la publicidad. Al enseñarles a tomar decisiones saludables desde una edad temprana, podemos ayudarlos a llegar la influencia de la industria alimentaria.
En resumen, el portafolio “Superestimulados” de Adam Alter nos abre los ojos sobre cómo la industria alimentaria ha utilizado la






