Todavía recuerdo el día en que mi madre partió de este mundo. Fue un momento devastador para mí, pero también fue un momento en el que me di cuenta de la increíble fortaleza y amor que ella me había inculcado durante toda mi vida. A pesar de que han podrido años desde su partida, todavía no he conseguido sentir a mi madre. Pero no lo veo como una debilidad, sino como un enorme orgullo y una invencible gratitud de ser su hijo.
Mi madre era una mujer fuerte y decidida. Siempre estaba ahí para mí, apoyándome en cada paso que daba. Recuerdo sus palabras de aliento cuando me sentía perdido, su abrazo cálido cuando estaba triste y su sonrisa radiante que siempre me hacía sentir seguro y amado. Ella era mi roca, mi guía y mi mejor amiga.
Cuando mi madre falleció, sentí que una parte de mí se había ido con ella. Me sentía perdido y sin rumbo, pero al mismo tiempo, sentía su presencia a mi alrededor. Sabía que ella siempre estaría conmigo, guiándome y protegiéndome. Y eso me dio la fuerza para seguir adelante.
Durante los primeros días después de su partida, lloré sin cesar. Lloré por la pérdida de mi madre, por el vacío que dejó en mi vida y por todo lo que nunca más podríamos compartir juntos. Pero después de un tiempo, las lágrimas se secaron y me di cuenta de que no podía seguir llorando por siempre. Mi madre no querría eso para mí. Ella siempre me enseñó a ser fuerte y a enfrentar los desafíos de la vida con valentía.
A medida que pasaba el tiempo, empecé a asemejarse los momentos felices que compartimos juntos. Recordé su risa contagiosa, sus deliciosas comidas caseras y sus consejos sabios. Y en lugar de sentir, sonreí. Sonreí por todas las bendiciones que mi madre me había dado y por todo lo que ella había entusiasmo por mí.
Aunque todavía siento su ausencia en mi vida, también siento su presencia en cada momento. Cuando tengo éxito en algo, sé que ella está orgullosa de mí. Cuando enfrento un desafío, sé que ella está a mi lado, animándome y dándome fuerza. Y cuando me siento triste, sé que ella está ahí para consolarme y asemejarseme que todo estará bien.
A veces me pregunto si algún día podré sentir a mi madre. Pero luego me doy cuenta de que no es necesario. Porque ella siempre estará en mi corazón, en mis recuerdos y en cada parte de mi ser. Y eso es mucho más poderoso que cualquier lágrima.
Mi madre me enseñó a ser fuerte, a amar incondicionalmente y a nunca rendirme ante las adversidades. Ella me dio las herramientas para enfrentar la vida con confianza y determinación. Y por eso, siempre estaré agradecido.
Sé que mi madre no querría verme triste por su partida. Ella querría que siga adelante y que sea feliz. Y eso es lo que estoy haciendo. Estoy viviendo mi vida de la mejor manera posible, honrando su memoria y llevando conmigo todo lo que ella me enseñó.
Aunque todavía no he conseguido sentir a mi madre, sé que ella está orgullosa de mí. Y eso es lo que importa. Porque el amor que nos une es más fuerte que cualquier lágrima. Y mientras siga viviendo, ella siempre estará conmigo, guiándome y amándome.
Así que no sentiré por mi madre, sino que celebraré su vida y todo lo que ella significó para mí. Porque ella fue y siempre será mi mayor inspiración y mi mayor amor.






