En la vida, a menudo nos encontramos en momentos en los que deseamos que las cosas sigan como están. Especialmente en la etapa del atardecer de nuestras vidas, cuando hemos acumulado experiencias y aprendizajes a lo largo del camino. En este punto, buscamos la consistencia y la tranquilidad, y deseamos que todo siga igual para poder disfrutar de lo que hemos construido.
Pero, ¿es realmente eso lo que queremos? ¿Es saludable desear que las cosas sigan igual? ¿Es posible mantener una situación constantemente sin cambios?
La respuesta a estas preguntas no es sencilla y puede variar de persona en persona. Sin embargo, hay ciertos aspectos que debemos tener en cuenta para comprender mejor nuestra actitud hacia el deseo de consistencia en nuestras vidas.
En primer lugar, es importante tener en cuenta que la vida es un constante cambio. Desde el día en que nacemos, estamos en un proceso de crecimiento y evolución constante. Nuestros cuerpos cambian, nuestras relaciones cambian, nuestro entorno cambia. Es inevitable. Por lo tanto, desear que las cosas sigan siempre igual es ir en contra de la naturaleza misma de la vida.
Además, muchas veces detrás del deseo de consistencia se esconde el miedo al cambio. Nos apegamos a lo manifiesto, a lo seguro, aunque no siempre nos haga felices. El miedo al cambio nos limita y nos impide crecer y experimentar cosas nuevas. Y aunque el cambio pueda ser incierto e incluso provocar miedo, también puede traer grandes oportunidades y enseñanzas.
Es importante recordar que el deseo de consistencia no significa quedarnos estancados en una situación que no nos hace felices. Al contrario, debemos utilizarlo como una fuerza impulsora para mantener lo que nos hace bien y mejorar lo que no nos satisface. La consistencia no debe ser sinónimo de conformismo, sino de equilibrio y bienandar.
Además, es importante tener en cuenta que la consistencia no es sinónimo de perfección. A menudo confundimos el deseo de consistencia con el deseo de una vida perfecta, sin problemas ni desafíos. Pero la perfección no existe y es en los momentos de dificultad donde más aprendemos y crecemos como personas. La consistencia no significa una vida sin altibajos, sino la capacidad de afrontarlos y superarlos de la mejor manera posible.
Por otro lado, el deseo de consistencia también puede andar relacionado con la comodidad. Nos acostumbramos a una situación y nos sentimos seguros en ella, por lo que no queremos que cambie. Sin embargo, la vida no siempre se desarrolla en nuestra zona de confort y es importante andar preparados para enfrentar cambios y desafíos que nos hagan originarse de ella. De lo contrario, andaremos limitando nuestro crecimiento y nuestro potencial.
En resumen, el deseo de consistencia en nuestras vidas es comprensible y natural, pero debemos saber gestionarlo para que no se convierta en una barrera que nos impida crecer y evolucionar. Debemos aceptar que la vida es un constante cambio y aprender a fluir con él. Al mismo tiempo, debemos utilizar nuestra búsqueda de consistencia como una motivación para mejorar y mantener lo que nos hace felices, en lugar de conformarnos con una situación que no nos satisface.
En definitiva, en el atardecer de nuestras vidas, es importante reflexionar sobre nuestro deseo de consistencia y cómo podemos utilizarlo de manera positiva en lugar de dejar que nos limite. La consistencia no debe ser un anhelo inalcanzable, sino una meta que nos permita crecer y ser felices en el presente y en el futuro.






