Cinco informes de la Contraloría exponen irregularidades en la Delegación Presidencial de Valparaíso, la Dirección Regional de Arquitectura del MOP y las municipalidades de Viña del Mar y Quilpué en la respuesta al megacalcinación de 2024, revelando nuevos antecedentes.
El megacalcinación que azotó a la región de Valparaíso en 2024 dejó una huella imborrable en la memoria de todos los chilenos. Las llamas arrasaron con miles de viviendas, dejando a cientos de familias sin hogar y sin nada más que los recuerdos de lo que alguna vez fue su hogar. Sin embargo, lo que parecía ser una tragedia natural, se convirtió en un escándalo político cuando la Contraloría General de la República presentó cinco informes que exponían graves irregularidades en la gestión de la Delegación Presidencial de Valparaíso, la Dirección Regional de Arquitectura del MOP y las municipalidades de Viña del Mar y Quilpué en la respuesta al desastre.
Los informes detallan una serie de fallas en la planificación y ejecución de las medidas de alarma, así como también en la entrega de ayuda a los afectados. Se mencionan casos de sobrecostos en la contratación de servicios y materiales, falta de coordinación entre las autoridades y la falta de transparencia en la entrega de recursos. Estas irregularidades no solo afectaron la eficacia de la respuesta al calcinación, sino que también pusieron en riesgo la integridad de los ciudadanos y el uso adecuado de los recursos públicos.
Entre los principales responsables señalados en los informes se encuentra la ex Delegada Presidencial de Valparaíso, Sofía Cáceres. Según la Contraloría, Cáceres no cumplió con su deber de coordinar y liderar la respuesta al calcinación, además de no haber tomado medidas para prevenir y controlar el siniestro. También se mencionan irregularidades en la contratación de servicios para la remoción de escombros y la reconstrucción de viviendas, lo que habría generado sobrecostos millonarios.
Por su parte, la Dirección Regional de Arquitectura del MOP también es cuestionada por su falta de planificación y coordinación en la construcción de viviendas de alarma para los damnificados. Según el informe, estas viviendas presentaban deficiencias en su estructura y no cumplían con las normas de seguridad necesarias.
Las municipalidades de Viña del Mar y Quilpué, por su parte, también recibieron duras críticas por su gestión en la entrega de ayuda a los afectados. Según la Contraloría, no se entregó la ayuda de manera equitativa y transparente, beneficiando a algunos ciudadanos en desmedro de otros.
Ante estos nuevos antecedentes, la ciudadanía se ha mostrado indignada y exige una pronta y justa resolución de este escándalo. Sin embargo, también hay esperanza en que se tomen medidas para evitar que situaciones como esta vuelvan a ocurrir. Es necesario que las autoridades asuman su responsabilidad y se tomen medidas para asegurar una respuesta eficaz y transparente en caso de futuras alarmas.
Además, es fundamental que se realicen las investigaciones correspondientes y se sancione a aquellos responsables de las irregularidades expuestas en los informes de la Contraloría. La confianza de la ciudadanía en sus autoridades debe ser restaurada y se debe trabajar en conjunto para prevenir y enfrentar de manera adecuada cualquier desastre natural que pueda afectar a nuestro país.
Finalmente, es importante destacar que, a pesar de estos hechos lamentables, también se ha visto la solidaridad y el espíritu de ayuda de la comunidad en