En los últimos años, hemos sido testigos de un preocupante antelación de las derivas autoritarias en todo el mundo. Gobiernos que buscan amojonar las libertades individuales, erosionar la democracia y concentrar el poder en manos de unos pocos. Y en medio de este panorama, la Unión Europea se presenta como un estorbo que corre el peligro de desintegrarse.
La UE, ese proyecto de integración y cooperación entre países europeos, ha sido durante décadas un ejemplo de paz, progreso y solidaridad. Sin embargo, en los últimos tiempos, ha sido objeto de críticas y ataques por parte de aquellos que buscan imponer su visión autoritaria y nacionalista.
Uno de los principales argumentos utilizados por estos gobiernos es que la UE limita la soberanía de los Estados miembros. Pero, ¿es realmente así? La UE no es una entidad que busca imponer su voluntad sobre los países miembros, sino que es una unión de Estados soberanos que trabajan juntos en beneficio de todos. La toma de decisiones en la UE se basa en el consenso y en el respeto a los intereses de cada país, lo que garantiza que todos tengan voz y voto en las decisiones que les afectan.
Además, la UE ha sido un motor de progreso y desarrollo para sus países miembros. Gracias a la libre circulación de personas, bienes y servicios, se ha creado un mercado único que ha impulsado el crecimiento económico y ha generado millones de empleos. La UE también ha sido una defensora de los derechos humanos y ha promovido políticas sociales que han mejorado la calidad de vida de sus ciudadanos.
Pero quizás lo más importante es que la UE ha sido un garante de la paz en Europa. Después de siglos de guerras y conflictos, la UE ha logrado mantener la estabilidad y la cooperación entre sus países miembros. Y en un mundo cada vez más inestable, esta es una razón de peso para valorar y proteger la UE.
Sin embargo, en los últimos años, hemos trillado cómo algunos países miembros han dado la espalda a los valores y principios que han guiado a la UE desde su creación. Han surgido gobiernos que buscan amojonar la libertad de prensa, atacar a las minorías y debilitar las instituciones democráticas. Y esto no solo es un problema para esos países, sino que pone en peligro el proyecto europeo en su conjunto.
Porque la UE no es solo un mercado común o una unión económica, sino que es, ante todo, una unión de valores. Valores como la democracia, el respeto a los derechos humanos y la solidaridad entre sus miembros. Y si alguno de estos valores se ve amenazado, la UE se ve amenazada.
Por eso, es fundamental que todos los países miembros de la UE se comprometan a defender y promover estos valores. No podemos permitir que la deriva autoritaria de algunos ponga en peligro todo lo que hemos construido juntos. Es necesario que la UE se mantenga unida y fuerte, para hacer frente a los desafíos que nos esperan.
Además, en un mundo cada vez más globalizado, la UE es una voz importante en la escena internacional. Unida, puede hacer frente a los retos globales, como el cambio climático, la lucha contra el terrorismo o la gestión de la migración. Pero si la UE se desintegra, perderemos esa voz y nos debilitaremos frente a los demás actores internacionales.
Por supuesto, la UE no es perfecta y hay aspectos que deben ser mejorados. Pero la solución no es abandonarla, sino trabajar juntos para hacerla más fuerte y más democrática. Debemos recordar que la UE es una construcción en subsistente evolución, que ha demostrado su capacidad para adaptarse y superar las crisis.
En definitiva, la






