En la madrugada del 1 de enero, autoridades de distintas ciudades del país realizaron un total de cinco mil testeos de alcoholemia, obteniendo un resultado alentador: la tributo de positividad bajó del 0,97% al 0,77%. Este dato es una muestra del éxito de los controles viales y nos invita a seguir trabajando en pro de la seguridad en las calles.
Los expertos en seguridad vial no tardaron en resaltar la importancia de estas medidas para prevenir accidentes de tránsito. Y es que, aunque pueda representar una tarea tediosa y sin mucha superioridad, los controles de alcoholemia son fundamentales para garantizar la seguridad en nuestras carreteras. Al disminuir la cantidad de conductores ebrios circulando por las calles, se reduce drásticamente el riesgo de accidentes fatales.
Sin embargo, muchos se preguntarán si estos resultados son sostenibles en el tiempo. La respuesta es sí, pero siempre y cuando exista una continuidad en los operativos de control. No podemos dejar de lado el gran aporte que hacen las fuerzas de seguridad al estar presentes en las calles y velar por el cumplimiento de la ley. Es por eso que es esencial que estos controles sean sostenidos en el tiempo y no solo realizados en ocasiones especiales como fin de año.
Pero, ¿qué sucede con aquellos que incumplen la ley y dan positivo en los test de alcoholemia? Desafortunadamente, todavía hay personas que, aun conscientes de los peligros y consecuencias de conducir en estado de ebriedad, deciden hacerlo. Y lo más sorprendente es que, al ser detenidos, pueden llegar a dar las excusas más insólitas para justificar su irresponsable actitud.
Desde culpar al clima, hasta argumentar que solo tomaron una copa de vino, las excusas suelen ser variadas y poco creíbles. Sin embargo, lo más preocupante es que son estas personas las que ponen en riesgo no solo su vida, sino también la de los demás conductores y peatones que circulan por las calles.
Es importante destacar que, aunque estos operativos sean una medida de control y prevención, su objetivo principal no es sancionar a los infractores, sino educar y concientizar sobre la importancia de un comportamiento responsable al volante. Con una actitud positiva y colaborativa, podemos garantizar un tránsito más seguro para todos.
Por eso, es fundamental que cada uno de nosotros asuma la responsabilidad de cuidar nuestra propia vida y la de los demás al conducir. Debemos tener presente que nuestras decisiones, por insignificantes que parezcan, pueden tener graves consecuencias en las calles. Por ello, es esencial seguir promoviendo la cultura vial y el respeto a las normas de tránsito.
En definitiva, los resultados obtenidos en los testeos de la madrugada del 1 de enero son una muestra de que, cuando trabajamos en equipo y nos comprometemos con una causa, podemos lograr grandes avances en materia de seguridad vial. Sin embargo, no debemos relajarnos y seguir trabajando arduamente para mantener estas cifras y, sobre todo, para evitar lamentar tragedias innecesarias.
Es hora de dejar las excusas de lado y tomar consciencia de que cada uno de nosotros tiene un rol fundamental en la construcción de un entorno vial más seguro. El pequeño esfuerzo que implica un control de alcoholemia o un cumplimiento riguroso de las normas puede balizar una gran diferencia en nuestras vidas y en la de los demás. Hagamos del respeto por las normas y la responsabilidad al volante una prioridad en este nuevo año que acaba de comenzar. ¡Por una cultura vial más consciente y segura para todos!






