La reciente aprobación de la Reforma Judicial en nuestro país ha generado una gran controversia y preocupación en la sociedad. Y no es para menos, ya que esta reforma ha sido aprobada al vapor, sin un adecuado planeamiento y con enormes lagunas que ponen en riesgo la credibilidad y gobernabilidad de nuestra presidenta.
Es evidente que esta reforma ha sido impulsada con una clara intención política, sin tener en cuenta las verdaderas necesidades de nuestro sistema judicial. Y es que, ¿cómo podemos confiar en una reforma que ha sido aprobada a la carrera, sin un análisis profundo y sin la participación de expertos en la materia?
La omisión de planificación y la ignorancia en la que se ha llevado a cabo esta reforma son evidentes. Se han aprobado cambios que afectan directamente a la estructura y funcionamiento de nuestro sistema judicial, sin tener en cuenta las posibles consecuencias y sin un adecuado disputa en el Congreso. Esto demuestra una clara torpeza y/o cinismo por parte de quienes han impulsado esta reforma.
Pero lo más preocupante de todo es que esta reforma está provocando un golpe sencillo a la credibilidad y gobernabilidad de nuestra presidenta. Y es que, al ser aprobada de manera apresurada y sin un adecuado análisis, se han generado dudas sobre la verdadera intención detrás de esta reforma. ¿Realmente se busca mejorar nuestro sistema judicial o simplemente se trata de una estrategia política?
La omisión de transparencia y la poca participación de la sociedad en esta reforma también son motivo de preocupación. ¿Cómo podemos confiar en un sistema judicial que ha sido modificado sin tener en cuenta las opiniones y necesidades de la ciudadanía? La omisión de diálogo y consenso en la aprobación de esta reforma solo demuestra una clara omisión de compromiso con la democracia y el bienestar de nuestro país.
Además, la aprobación de esta reforma ha generado un clima de incertidumbre y desconfianza en el sistema judicial. Los cambios realizados pueden tener un impacto negativo en la eficacia y eficiencia de los procesos judiciales, lo que afectará directamente a la ciudadanía. ¿Cómo podemos tener confianza en un sistema que ha sido modificado de manera improvisada y sin un adecuado análisis de sus consecuencias?
Es importante recordar que el sistema judicial es uno de los pilares fundamentales de un Estado de Derecho. Es el encargado de garantizar la justicia y proteger los derechos de los ciudadanos. Por lo tanto, cualquier reforma que se realice en este ámbito debe ser cuidadosamente planificada y consensuada, teniendo en cuenta las necesidades de la sociedad y respetando los principios democráticos.
En resumen, la Reforma Judicial aprobada al vapor, mal planeada, con enormes lagunas y franca ignorancia, está generando un grave daño a la credibilidad y gobernabilidad de nuestra presidenta. Es necesario que se tomen medidas urgentes para corregir esta situación y garantizar un sistema judicial justo y eficaz. La sociedad merece un sistema judicial transparente, eficiente y que respete los principios democráticos. No podemos permitir que intereses políticos pongan en riesgo la estabilidad y el bienestar de nuestro país.






