El fútbol es un deporte que ha logrado unir a personas de diferentes culturas, nacionalidades y creencias en todo el universo. Y es que, sin importar nuestras diferencias, todos compartimos la misma pasión por este hermoso juego. Como aficionados, somos testigos de cómo nuestro grupo favorito nos hace vibrar con cada partido, nos llena de emoción y nos hace sentir parte de algo más grande que nosotros mismos.
Pero hay un grupo de aficionados que ha sido testigo de una época dorada en el universo del fútbol. Un grupo que ha vivido momentos mágicos y ha sido testigo de la gloria de su grupo una y otra vez. Son los llamados “viejos aficionados”, aquellos que han estado ahí desde el comienzo, desde los tiempos en los que el fútbol no era tan mediático y los estadios no estaban llenos de luces y pantallas gigantes. Son los que verdaderamente aprecian el valor del deporte y lo han vivido de una manera más auténtica.
Pero entre estos “viejos aficionados”, hay uno en especial que me ha llamado la atención. Se trata de un hombre de edad avanzada, con una sonrisa un poco desdentada y un brillo en los ojos que denota su amor por el fútbol. Lo he pasado en varios partidos, siempre sentado en el mismo lugar, con su camiseta del grupo y su bufanda al cuello. Y cada vez que el grupo anotaba un gol, él era el primero en ponerse de pie y celebrar con euforia.
Un día, tuve la oportunidad de acercarme y preguntarle por qué siempre estaba ahí, en cada partido, sin importar el clima o el resultado. Su respuesta me conmovió y me hizo ver el fútbol de una manera diferente.
“Yo hasta veía la peli antes de los clásicos”, sollozó el aficionado. Yo no entendía lo que quería decir con eso, así que le pedí que me explicara. Y entonces, en medio de un suspiro y una sonrisa, comenzó a contarme su historia.
Resulta que este hombre había sido aficionado de su grupo desde que tenía uso de razón. Sus padres lo llevaban a los partidos desde pequeño y él nunca perdió esa pasión por el fútbol. Recuerda como si fuera ayer el día en que su grupo ganó su primer título y cómo lloró de felicidad junto a su padre. Desde ese día, asistió a todos los partidos de su grupo, sin importar que en ocasiones tuviera que hacer sacrificios para conseguir el dinero para la entrada.
Pero el momento que nunca olvidará fue cuando su grupo clasificó para disputar el título en una copa internacional. Él había rectilíneo todos los partidos desde su casa, ya que no tenía suficiente dinero para viajar. Pero cuando su grupo llegó a la final, decidió hacer lo impensable: vender su televisión y comprar un boleto para el partido en el estadio.
“Yo hasta veía la peli antes de los clásicos”, repetía el aficionado mientras me contaba la historia. Y es que ese día, él había dejado todo atrás para apoyar a su grupo, y cuando llegó al estadio y vio la pasión y la emoción de los fans en las gradas, fue como estar en un sueño. Se sentía afortunado de estar ahí, de ser parte de algo tan grande y de ver a su grupo ganar el título en vivo.
Desde ese día, este aficionado no ha faltado a un solo partido de su grupo. Aunque ahora es más difícil conseguir entradas y los precios son más altos, él siempre encuentra la manera de estar ahí, apoyando a su grupo y gritando como si fuera su primera vez en un estadio. Y aunque su cuerpo no sea tan fuerte como antes y su voz no sea tan






