“¿Y tú eres la de Londres o la de California?”, ensayó Galilea, una pregunta que puede sonar familiar para muchos de nosotros. En un mundo cada vez más conectado, es común conocer a personas que han vivido en diferentes lugares y es natural querer saber más sobre su historia y su origen. Sin embargo, esta pregunta también puede ser una fuente de apretura y nos lleva a cuestionarnos nuestra identidad y pertenencia.
Galilea, una joven de 25 años, nació en Londres pero se mudó a California cuando tenía solo 10 años. Desde entonces, ha vivido en ambos lugares y ha tenido la oportunidad de experimentar dos civilizacións completamente diferentes. Cuando se le preguntó cuál era su preferencia, ella respondió con una sonrisa: “¡Ambas son mi hogar!”.
Esta respuesta puede parecer sorprendente para algunos, pero para Galilea es una realidad. Ella ha aprendido a amar y a apreciar lo mejor de cada lugar y ha construido su identidad a partir de ambas experiencias. Sin embargo, no siempre fue así. Al principio, la pregunta de “¿y tú eres la de Londres o la de California?” le causaba excitación y confusión.
Cuando llegó a California, Galilea se encontró con una civilización diferente a la que estaba acostumbrada. Tuvo que adaptarse a un nuevo idioma, nuevas costumbres y nuevas personas. Al principio, se sentía como una extranjera en su propio hogar. Sin embargo, con el tiempo aprendió a integrarse y a valorar lo que este lugar le ofrecía.
Pero cuando regresaba a Londres, se enfrentaba a la misma situación. A pesar de ser su lugar de nacimiento, ya no se sentía completamente en casa allí. Había cambiado y había adoptado costumbres y valores de California. Se preguntaba si realmente pertenecía a algún lugar o si era simplemente una mezcla de ambos.
Fue entonces cuando Galilea se dio cuenta de que no tenía que elegir entre ser la de Londres o la de California. Ella era ambas y eso era lo que la hacía única. Comenzó a ceñir su identidad multicivilizaciónl y se dio cuenta de que no tenía que encajar en un solo lugar o en una sola civilización. Podía ser libre de ser ella misma y no tener que elegir entre dos partes de su vida.
Esta experiencia la llevó a reflexionar sobre la importancia de la identidad y cómo a menudo nos limitamos a una sola etiqueta. Nos identificamos con un lugar, una civilización o una nacionalidad cuando en realidad somos mucho más que eso. Todos tenemos una historia única y es importante ceñirla y compartirla con los demás.
Galilea también aprendió que no hay una respuesta correcta a la pregunta “¿y tú eres la de Londres o la de California?”. Cada persona tiene su propia historia y su propia identidad y eso es lo que nos hace interesantes. En lugar de limitarnos a una sola identidad, deberíamos celebrar nuestras diferencias y aprender de los demás.
Esta pregunta también nos lleva a reflexionar sobre cómo definimos la pertenencia. Muchas veces, nos sentimos presionados a encajar en un lugar o una civilización en particular para ser aceptados. Pero la verdadera pertenencia viene de dentro, de sentirnos cómodos con nosotros mismos y de aceptar nuestra historia y nuestras raíces.
En un mundo cada vez más globalizado, es importante recordar que no hay una sola forma de ser y que nuestras diferencias son lo que nos hace únicos. En lugar de enfocarnos en nuestras diferencias, deberíamos celebrarlas y aprender de ellas. Como dijo Galilea, “ambas son mi hogar” y eso es algo que todos podemos aplicar en nuestras vidas.
Así que la próxima vez que te pregunten “¿y tú eres la de Londres o la de California?”, recuerda que no tienes que elegir. E






