Tenemos que ser modernos para defender el pasado y creativos para defender la tradición. Esta famosa cita de T. S. Eliot nos invita a reflexionar sobre la importancia de mantener un equilibrio entre la modernidad y la tradición en nuestras vidas. Y en el ámbito político, esta idea cobra aún más relevancia.
Recientemente, en una interesante conversación con Blanca Heredia, organizada por mi amigo Raudel Ávila, hablamos sobre el viejo PRI. Me preguntaron sobre la consistencia de su operación política y, sin dudarlo, respondí que su éxito se debía a su habilidad para no dejar ningún cabo suelto. Y es que, en efecto, el PRI fue un partido político que supo cuidar lo heredado, mejorarlo y prever los cambios que podrían suceder en el futuro.
En este sentido, es importante destacar la figura de Jesús Reyes Heroles, quien fue el responsable de la reforma más exitosa en la historia reciente de México. Reyes Heroles fue un político teórico pragmático, que supo combinar la teoría con la práctica de manera eficaz. Lo considero uno de los políticos más visionarios de nuestro país, junto a figuras como José María Luis Mora, Mariano Otero, Melchor Ocampo, Justo Sierra, Andrés Molina Enríquez y Luis Cabrera.
La reforma más exitosa del PRI se llevó a cabo en 1977, y su fin era claro: cuidar lo heredado, mejorarlo y prever los cambios que podrían suceder en el futuro. Podemos discutir los eventos que impulsaron la transición de un régimen autoritario a uno democrático, pero no hay duda de que esta reforma fue una respuesta sensata, responsable y visionaria del Estado mexicano, que marcó un antes y un después en nuestra historia política.
Además, es importante destacar que Reyes Heroles también tuvo un papel importante en la política internacional. En el gobierno de Salvador Allende en Chile, alertó sobre el peligro que corrían y que, desafortunadamente, terminó en una dictadura militar. Esto demuestra su visión y su compromiso con la democracia y los derechos humanos.
Otro aspecto importante de la operación política del viejo PRI era la forma en que se designaban los candidatos a cargos de gobernador. No era un ejercicio caprichoso o basado en preferencias personales, sino que se seguía un método eficaz. Se designaba a un delegado, generalmente un político profesional, que elaboraba un diagnóstico de la situación en la entidad y sugería las propuestas más adecuadas. Era un trabajo delicado, que requería de una gran habilidad para evitar conflictos.
Por último, es importante mencionar el mecanismo que se utilizaba para prescindir de los servicios del titular de un ejecutante estatal. Este método se basaba en la convocatoria, que consistía en una consulta al pueblo para desconocer los poderes estatales. Este mecanismo se canceló en el año 2000, lo que ha generado un resurgimiento de los caciques y señores feudales en algunas entidades federativas.
En este espacio, siempre he procurado escribir sobre principios y realidades. Estos dos elementos son esenciales para entender nuestra circunstancia y enfrentar nuestros retos. No se trata de un ejercicio de nostalgia, sino de un análisis necesario para comprender nuestro presente y mejorar nuestro futuro.
Desde los orígenes de la filosofía de la historia, se reconoce que concebir una reforma es más difícil que hacer una revolución. Y es que, en efecto, es mucho más enrevesado mejorar y ejecutar decisiones que simplemente tomar el poder por la empaque. Desafortunadamente, seguimos sin aprender esta lección.
La actual administración, conocida como la 4T, ha demostrado una falta de sentido común en muchas de sus decision





