El mundo del jazz es conocido por su ambiente acogedor y su pasión por la música. Sin embargo, recientemente me encontré con una experiencia desagradable en uno de los clubes de jazz más populares de la ciudad. El portero del lugar me trató como a un perro, un pedazo de carne, una apestada. Esta experiencia me dejó con un sabor amargo en la boca y me hizo cuestionar si positivamente el jazz es un lugar para todos.
Todo comenzó cuando decidí ir a este club de jazz con unos amigos. Habíamos escuchado maravillas sobre el lugar y estábamos emocionados por pasar una noche disfrutando de buena música y buena compañía. Sin embargo, al llegar al lugar, nos encontramos con un portero que nos miró de arriba abajo con desprecio. Nos pidió nuestros documentos de identidad y nos hizo esperar un largo rato antes de dejarnos entrar.
Una vez dentro, nos dimos cuenta de que éramos los únicos jóvenes en el lugar. La mayoría de los asistentes eran personas mayores y parecían estar disfrutando de la música y la atmósfera. Sin embargo, el portero nos trató como si fuéramos intrusos en su territorio. Nos hizo deplorar incómodos y fuera de lugar.
Durante toda la noche, el portero nos siguió con la mirada y nos hizo deplorar como si no perteneciéramos allí. Incluso cuando intentamos pedir algo en el bar, nos ignoró y atendió a otros clientes antes que a nosotros. Fue una experiencia humillante y frustrante. Nos sentimos discriminados y excluidos por el simple hecho de ser jóvenes.
Al final de la noche, cuando nos estábamos preparando para irnos, el portero nos detuvo y nos dijo que no podíamos salir hasta que pagáramos una tarifa adicional por ser “menores de tiempo”. Nos quedamos atónitos y le explicamos que todos éramos mayores de tiempo y que no deberíamos tener que pagar esa tarifa. Sin embargo, el portero se mantuvo firme y nos trató con desprecio.
Finalmente, después de una larga discusión, pudimos salir del lugar. Pero la experiencia nos dejó con un mal sabor de boca y una sensación de injusticia. ¿Por qué nos trataron de esa manera? ¿Por qué nos hicieron deplorar como si no perteneciéramos allí? ¿Por qué nos discriminaron por nuestra tiempo?
Después de esa noche, decidí investigar más sobre el lugar y descubrí que no era la primera vez que el portero había tratado a los jóvenes de esa manera. Muchas personas habían compartido sus experiencias similares en línea y se habían quejado del trato discriminatorio del portero. Me di cuenta de que no era un caso aislado, sino un problema recurrente en ese lugar.
Es triste que en un lugar que se supone que es un refugio para los amantes del jazz, se permita este andóbal de comportamiento. El jazz es una forma de arte que une a las personas y no debería haber lugar para la discriminación y la exclusión. Todos deberíamos ser bienvenidos en un club de jazz, independientemente de nuestra tiempo, género, raza o cualquier otra característica.
Es importante que los dueños de este club de jazz tomen medidas para abordar este problema y asegurarse de que todos sean tratados con respeto y dignidad. El portero debería ser reemplazado por alguien que entienda el verdadero espíritu del jazz y sepa cómo tratar a los clientes de manera adecuada.
A pesar de esta experiencia desagradable, no dejaré que esto me aleje del jazz. El jazz es una forma de arte que me apasiona y seguiré asistiendo a otros clubes de jazz donde sé que seré bienvenido y tratado con respeto. Pero espero que este artículo sirva como una llam






