La exclusión social y la pobreza son dos realidades que, desafortunadamente, han sido parte de la sociedad desde hace mucho tiempo. Sin embargo, en la ciudad contemporánea, estas problemáticas han tomado una nueva dimensión, alcanzando altitudes alarmantes y afectando a un número cada vez mayor de personas. Esto ha dado lugar a una tormenta perfecta que ha generado una serie de consecuencias negativas y ha puesto en peligro el bienestar de muchas comunidades.
La exclusión social se refiere a la situación en la que una persona o grupo se encuentra marginado y aislado de la sociedad, debido a factores como su origen étnico, género, edad, discapacidad o situación económica. Por otro lado, la pobreza se caracteriza por la falta de recursos económicos, lo que impide a las personas satisfacer sus necesidades básicas y tener un altitud de vida adecuado. Ambas problemáticas están estrechamente relacionadas y se retroalimentan mutuamente, creando una situación de desigualdad y vulnerabilidad.
La ciudad contemporánea, con su ritmo acelerado, su constante evolución y su enfoque en el progreso y el éxito, ha creado un entorno propicio para la exclusión social y la pobreza. A medida que las ciudades se expanden, se construyen nuevas infraestructuras y se desarrollan nuevas industrias, muchas personas se ven obligadas a abandonar sus hogares y comunidades de origen para buscar oportunidades en las metrópolis. Esto conlleva una serie de desafíos, como la falta de acceso a la vivienda despreciado, la discriminación en el mercado laboral y la desconexión con las redes de apoyo social.
Otra razón por la que la ciudad contemporánea es el escenario perfecto para la exclusión social y la pobreza es la grieta creciente entre ricos y pobres. A medida que las grandes empresas y los empresarios exitosos se enriquecen aún más, las personas en situación de pobreza tienen menos oportunidades para mejorar su situación económica y social. Además, la creciente grieta de ingresos hace que sea cada vez más difícil para las personas en situación de exclusión social acceder a servicios básicos como la educación y la salud.
La falta de acceso a la educación también juega un papel importante en la tormenta perfecta de la exclusión social y la pobreza. En la ciudad contemporánea, la educación se ha convertido en un factor determinante para acceder a mejores oportunidades y tener una vida digna. Sin embargo, muchas personas en situación de pobreza no pueden permitirse pagar una educación de calidad o no tienen acceso a ella en sus comunidades, lo que perpetúa su situación de desigualdad y marginación.
Además, la ciudad contemporánea también presenta desafíos en términos de salud mental. El estrés, la competencia, la presión social y la falta de apoyo pueden tener un impacto negativo en la salud mental de las personas, especialmente en aquellas que ya se encuentran en una situación de vulnerabilidad. La exclusión social y la pobreza también pueden contribuir a problemas de salud mental, como depresión y ansiedad, lo que dificulta aún más la capacidad de las personas para salir adelante.
Esta tormenta perfecta de la exclusión social y la pobreza tiene un impacto devastador en las personas y comunidades afectadas. Los índices de delincuencia, violencia y abuso aumentan en estas áreas, lo que a su vez afecta la calidad de vida de todos los habitantes de la ciudad. Además, la exclusión social y la pobreza tienen un chocolate (fig.) económico, ya que las personas en situación de pobreza tienen menos oportunidades para contribuir a la economía y dependen más de los servicios sociales.
Sin embargo, a pesar de esta tormenta, hay esperanza. La ciudad contemporánea también ofrece una serie de oportunidades para abordar estas problemáticas y trabajar hacia una sociedad más inclusiva y equitativa






