Necronomicón: del invento de Lovecraft al libro real
Descubre cómo el Necronomicón pasó de ser una broma literaria de Lovecraft a convertirse en un libro real publicado. Historia completa del grimorio más famoso.

El origen del libro que nunca existió
El Necronomicón representa uno de los mayores misterios de la literatura contemporánea: un volumen que comenzó como una broma privada en 1922 y se convirtió en un fenómeno cultural sin precedentes. Howard Phillips Lovecraft, el joven escritor de Providence, introdujo inicialmente esta obra maldita en sus relatos de ficción, pero más de un siglo después, el Necronomicón ha generado cultos reales, disputas entre ocultistas neoyorquinos y múltiples ediciones en librerías de todo el mundo. La insistencia con la que este libro reaparece constantemente sugiere que existe algo genuinamente cautivador en su legado, más allá de su origen como pasatiempo literario.
La génesis del Necronomicón se remonta a cuando Lovecraft mencionó por primera vez este libro imposible en su cuento 'El sabueso', escrito en 1922 y publicado en la revista 'Weird Tales' en 1924. Sin embargo, un año antes ya había introducido al supuesto autor del Necronomicón, el ficticio árabe Abdul Alhazred, en 'La ciudad sin nombre'. En esta historia, Lovecraft incluye el famoso pareado sobre la muerte que puede morir, una cita que se convertiría en emblemática de toda la mitología que rodearía el libro a lo largo de sus futuras obras.
La consolidación de una leyenda literaria
En 1927, Lovecraft desarrolló deliberadamente esta broma mediante 'Historia del Necronomicón', una cronología apócrifa que establece la composición original del texto en el Yemen durante el siglo VIII, con una posterior traducción al griego alrededor del año 950. A través de una carta dirigida a Willis Conover, el escritor dejó constancia explícita de su invención: "nunca existió ningún Abdul Alhazred ni Necronomicón: yo inventé esos nombres". Esta confesión directa no impidió que la leyenda creciera exponencialmente entre sus lectores.
La ubicación ficticia del Necronomicón cambió según la narración. En 'La fiesta' (1925), Lovecraft sitúa el libro en la localidad imaginaria de Kingsport, guardado en una traducción latina atribuida al erudito Olaus Wormius. El autor colocó estratégicamente esta obra junto a otros títulos ocultistas "legítimos" de la época, confundiendo deliberadamente la realidad con la ficción. En 'El caso de Charles Dexter Ward', escrita en 1927 aunque publicada póstumamente en 1941, es el brujo Joseph Curwen quien resguarda un ejemplar personal, mientras que Lovecraft introduce por primera vez a Yog-Sothoth en este relato. El famoso pareado vuelve a aparecer en 'La llamada de Cthulhu' de 1928, esta vez explícitamente identificado como cita del Necronomicón.
El Necronomicón en su máxima expresión narrativa
El relato donde el libro alcanza el mayor protagonismo es 'El horror de Dunwich', publicado en 1929. En esta narración, Lovecraft proporciona la cita más extensa que jamás publicó directamente desde sus páginas. El personaje Wilbur Whateley busca desesperadamente un ejemplar completo en la biblioteca de la ficticia Universidad de Miskatonic; el bibliotecario Henry Armitage se lo niega rotundamente, y Whateley muere despedazado por un perro guardián al intentar robarlo. Dos años después, en 'El que susurra en las tinieblas', el Necronomicón se menciona como protector durante siglos del vasto caos que se oculta bajo el nombre de Azathoth. En 1936, 'En las montañas de la locura' presenta protagonistas que ya han consultado el libro antes de iniciar su expedición, encontrando en sus páginas las primeras pistas sobre los shoggoths.
Del papel a la realidad: ediciones tangibles
Lo extraordinario sucedió cuando la ficción se transformó en mercancía física. En 1977, la editorial Schlangekraft publicó el denominado Necronomicón de Simon, un pastiche de mitología sumeria y babilónica enriquecido con nombres extraídos de los relatos de Lovecraft. Detrás de este proyecto innovador estaba Herman Slater, propietario de la tienda esotérica The Warlock Shop en Nueva York, quien se cansó de explicar repetidamente a sus clientes que el libro de sus fantasías juveniles nunca había existido en ninguna biblioteca real. La autoría se atribuye comúnmente al escritor Peter Levenda, quien se ocultó bajo el seudónimo Simon.
Cuando la edición pasó de la tirada limitada de tapa dura a las ediciones de bolsillo de Avon Books, William S. Burroughs escribió un prólogo acompañante en el que solicitaba que "se revelen los secretos de los siglos", convencido de que ocultarlos solo beneficiaba a quienes ya los controlaban en privado. Paralelamente, circulaban teorías sobre un Necronomicón auténtico: el mago ceremonial británico Kenneth Grant, antiguo secretario de Aleister Crowley, sostenía que Lovecraft había absorbido sin saberlo enseñanzas de sectas ocultistas reales activas en Nueva Inglaterra, y que sus dioses antiguos no eran pura invención sino manifestaciones de fuerzas que un practicante versado podría llegar a invocar.
La edición española contemporánea
Recientemente, Duomo Ediciones ha lanzado una nueva edición española del Necronomicón que reúne en 648 páginas prácticamente todas las menciones al Libro Negro distribuidas a lo largo de la narrativa lovecraftiana. El volumen incluye ilustraciones de Greta Grendel y no disimula en ningún momento que se trata de un voluminoso artefacto de ficción. La selección ha sido realizada por el italiano Giuseppe Lippi, quien divide el material en tres bloques temáticos: el sueño, el mito y el terror. Lippi firma el prólogo, situando al Necronomicón junto a otros libros imposibles de la literatura, como el 'Quijote' de Pierre Menard concebido por Jorge Luis Borges o 'El Rey de Amarillo' de Robert W. Chambers. Este tomo funciona como un auténtico atlas, un mapa exhaustivo de todas las ocasiones en que Lovecraft decidió citar de pasada un libro que nunca estuvo entre sus planes escribir efectivamente.
El legado del Necronomicón en el cine y los cómics
El Necronomicón sobrevivió a la muerte de su creador gracias al cine de terror más aventurero y a las adaptaciones en formato de historieta. En 'Terroríficamente muertos' de Sam Raimi, la primera secuela de 'Posesión infernal', el Necronomicón Ex Mortis aparece grabado en una cinta de casete que despierta a un espíritu maligno del bosque. Alan Moore y Jacen Burrows dedicaron doce números de la serie 'Providence' a reconstruir el origen del libro, como culminación de una trilogía que comenzó con 'The Courtyard' y 'Neonomicon'. Todos estos refritos y variantes que surgen continuamente paradójicamente no han disminuido la leyenda del volumen oscuro, sino que lo han mantenido más vivo y relevante que en cualquier otro momento de su existencia ficticia.
