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Soto de la Barca: el pueblo fantasma de Tineo tras cerrar la térmica

Descubre la historia de Soto de la Barca, el pueblo abandonado en Tineo que albergaba 500 vecinos junto a la central térmica de Narcea y hoy es un pueblo fantas...

Soto de la Barca: el pueblo fantasma de Tineo tras cerrar la térmica
Imagen: xataka.com. Uso informativo; los derechos pertenecen a su titular.

Un asentamiento obrero congelado en el tiempo

En el concejo asturiano de Tineo existe un pueblo abandondado que ha adquirido notoriedad mediática por su resemblanza a una zona de catástrofe. Se trata de Soto de la Barca, una localidad que funcionó durante más de cinco décadas como centro residencial para trabajadores de la central térmica de Narcea. Este pueblo abandonado contaba originalmente con infraestructuras completas: cine, escuela, club social, piscina, zonas deportivas, consultorio médico y economato. Lo singular del caso es que, a diferencia de otras zonas devastadas por accidentes industriales, Soto de la Barca se vació de manera gradual, nómina a nómina, cuando la planta energética cerró sus operaciones.

Los orígenes del poblado industrial

La construcción de Soto de la Barca respondió a un proyecto empresarial específico iniciado por Higinio González, quien falleció en 1960 antes de ver materializado su plan. La idea consistía en establecer una central térmica capaz de procesar carbón procedente del suroccidente asturiano y norte de León. En 1965, la empresa Naturgy puso en funcionamiento comercial la instalación, construyendo simultáneamente un poblado completo para albergar a los técnicos y obreros. El arquitecto Ramón Vázquez Molezún fue responsable del diseño urbanístico del asentamiento.

En su apogeo, la central térmica de Narcea llegó a generar empleo para aproximadamente 250 trabajadores directos. El poblado abandonado alcanzó una población de 500 habitantes que disfrutaban de servicios municipales básicos y espacios de ocio. Entre 1969 y 1984, la planta experimentó ampliaciones sucesivas que aumentaron su capacidad productiva con la instalación de tres grupos generadores adicionales.

La fase de declive y cierre de operaciones

A partir de los años ochenta, la central térmica de Narcea atravesó un período de recortes progresivos en su plantilla y una disminución gradual de su relevancia energética. El año 2000 marcó el punto máximo de generación, con una producción de 3.855 GWh que proporcionaba electricidad a cientos de miles de personas durante un año completo. Sin embargo, esta cifra descendió drásticamente en los años posteriores: para 2014 la producción había caído a apenas 916 GWh.

El proceso de cierre de la central térmica de Narcea se formalizó en etapas sucesivas. En 2016 se autorizó el cierre del grupo generador más antiguo. Posteriormente, en diciembre de 2018, Naturgy presentó una solicitud formal para cesar las operaciones del resto de unidades, en paralelo con cierres similares en otras plantas como La Robla y Meirama. El cierre definitivo se ejecutó en junio de 2020, coincidiendo con el cese de operaciones de otras seis centrales térmicas españolas durante ese mismo período.

El impacto laboral en el concejo de Tineo

La paralización de la central térmica de Narcea supuso la pérdida de empleos significativa en la comarca. En el momento de la solicitud de cierre, la instalación mantenía a 81 trabajadores en plantilla propia y 48 empleados de empresas auxiliares contratistas. Según datos de la plataforma 'Somos Tineo', el cierre representó la desaparición de aproximadamente 180 puestos de trabajo en el concejo. Esta cifra incluye tanto empleos directos como indirectos generados por la actividad de la central. Las familias trabajadoras del pueblo abandonado migraron principalmente hacia el centro de la región en busca de nuevas oportunidades laborales.

La cesión del poblado y los fondos de transición

Tras obtener los permisos de desmantelamiento en marzo de 2022, Naturgy firmó un convenio en agosto de ese año mediante el cual cedía el poblado al Ayuntamiento de Tineo. Este acuerdo representaba una transferencia de responsabilidad sobre las infraestructuras residenciales a la administración municipal. En abril de 2023, el Instituto para la Transición Justa aprobó una subvención de 3,5 millones de euros del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia para rehabilitar parcialmente el pueblo abandonado. El proyecto presentado obtuvo la puntuación máxima a nivel nacional en la convocatoria.

El plan inicial contemplaba la rehabilitación de 14 viviendas unifamiliares y la creación del primer proyecto de cohousing impulsado directamente por una administración municipal en España. Sin embargo, esta iniciativa no llegó a consolidarse. En 2025, el Ayuntamiento devolvió los 3,5 millones de euros sin haber ejecutado los trabajos planificados. La alcaldesa Montse Fernández explicó que el gobierno municipal que asumió funciones en junio de 2023 se encontró con plazos incumplidos: los proyectos de reforma no se contrataron hasta septiembre de 2023, cuando ya resultaba inviable cumplir los compromisos adquiridos con el Instituto para la Transición Justa.

Desmantelamiento y estado actual del pueblo

El desmantelamiento físico de la central térmica de Narcea se realizó mediante operaciones de voladura controlada. El 20 de diciembre de 2023 se derrumbó la torre de refrigeración, símbolo arquitectónico de la instalación, cuando ya se había completado el 60% del desmantelamiento. Una segunda voladura en septiembre de 2024 eliminó los restos remanentes de la estructura fabril. El proceso de desmantelamiento total concluyó en octubre de 2025. Naturgy presentó además un proyecto para modificar el cauce del río Narcea y proteger la parcela contra riesgos de inundación.

Actualmente, en Soto de la Barca reside un censo de apenas 24 habitantes. Las viviendas unifamiliares y bloques de apartamentos permanecen en pie pero muestran claros signos de deterioro: humedad en muros, grietas estructurales y vegetación silvestre invadiendo las fachadas. El interior de casas y locales comerciales conserva aún mobiliario, material médico, prendas de vestir, pupitres escolares y objetos personales de los antiguos residentes, todo revuelto como si se tratara de una evacuación precipitada.

Robos y vandalismo en el pueblo fantasma

Desde el inicio de los trabajos de desmantelamiento, el pueblo abandonado ha sufrido una ola continuada de robos y actos vandálicos. En 2024 desapareció el busto de bronce de Higinio González que presidía la entrada principal del asentamiento. Los pocos vecinos permanentes retiraron deliberadamente las campanas de cobre de la iglesia para prevenir robos. En junio de 2026, una de las puertas de la iglesia parroquial fue destruida durante la noche. Tras dos intentos de robo de cableado eléctrico, el párroco se vio obligado a desconectar completamente la iluminación del templo.

Propuestas de rehabilitación integral

Académicos de la Universidad de Oviedo, como Rubén Domínguez, han propuesto una rehabilitación integral y respetuosa con el diseño urbanístico original del pueblo. El argumento central sostiene que únicamente mediante la ocupación residencial del asentamiento se podría poner en valor el conjunto arquitectónico histórico. La prensa local ha comenzado a comparar el potencial de Soto de la Barca con Perlora, otro pueblo costero abandonado en Carreño, ganando la denominación informal de 'la Perlora del Suroccidente'.

Precedentes similares en España y el mundo

Perlora, ubicada en Carreño, fue fundada en 1954 como ciudad vacacional sobre 20 hectáreas con 274 edificaciones. Esta instalación cerró definitivamente en noviembre de 2006 tras experimentar una trayectoria similar al pueblo abandonado de Tineo. Otro caso comparable es A Paicega, construida para alojar a los trabajadores de la presa de Salime, dotada de escuela, cantina, peluquería e incluso policía propia. Actualmente se encuentra completamente deshabitada.

El precedente más extremo se localiza en Japón: la isla de Hashima, también llamada 'isla acorazada', alcanzó una población de 5.259 residentes en 1959 mientras extraía carbón entre 1891 y 1974, sacando 15,7 millones de toneladas en total. Mitsubishi cerró la mina en enero de 1974 y el último habitante se marchó el 20 de abril del mismo año, vaciando completamente la isla en poco más de tres meses. En 2015, Hashima fue incluida en la lista de Patrimonio de la Humanidad de la Unesco.

Alternativas energéticas en otros emplazamientos

La central térmica de La Robla, también operada por Naturgy, empleó a 300 trabajadores en su momento de máxima actividad y suspendió operaciones en julio de 2020 tras casi cinco décadas de funcionamiento. Su desmantelamiento fue presupuestado en 12,9 millones de euros. A diferencia de Soto de la Barca, La Robla cuenta con un proyecto de futuro sobre el papel: la construcción de una planta de hidrógeno verde en colaboración con Enagás, con una inversión prevista de 485 millones y una capacidad de 280 MW. El arranque inicial estaba programado para 2026, aunque actualmente no hay confirmación de que haya iniciado operaciones.

En julio de 2026, el Ministerio para la Transición Ecológica adjudicó el contrato para una central hidroeléctrica de bombeo de 320 MW en el nudo de red Narcea 400 kV a la empresa La Barca Energía. Este proyecto contempla una inversión superior a 400 millones de euros con promesa de generación de 289 empleos durante un mínimo de 12 años. Sin embargo, esta iniciativa responde principalmente a la necesidad de aprovechar la capacidad de conexión que quedó disponible tras el cierre de la térmica, antes que a una solución integral para revitalizar el pueblo abandonado.

Perspectivas futuras inciertas

El futuro del pueblo abandonado de Tineo permanece en la indefinición administrativa. El concejal de Urbanismo, Pablo Fernández, ha caracterizado la cesión del poblado como un 'regalo envenenado': el asentamiento posee la consideración de patrimonio de interés cultural, lo que implica obligaciones presupuestarias significativas para su preservación y mantenimiento. El Ayuntamiento ha contactado con el Instituto para la Transición Justa explorando opciones de vivienda pública, espacios colaborativos, infraestructuras culturales y usos educativos. A mediados de octubre de 2026, aún no existe un proyecto concreto que haya avanzado hacia la implementación. La historia del pueblo abandonado de Soto de la Barca ejemplifica los desafíos complejos que enfrentan las comunidades mineras y energéticas durante los procesos de transición ecológica, donde los objetivos ambientales a menudo se priorizan sobre la revitalización territorial y el mantenimiento del tejido social local.

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